“Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.”
S. Mateo 19:26 RVR1960
https://bible.com/bible/149/mat.19.26.RVR1960

Si por mi fuera estaría tomando cerveza. Son las 9:06pm y, aunque el día no ha terminado para mi, siento que ha sido un buen día y puedo imaginarme con un par de latas relajándome antes de continuar mis labores, como muchas veces lo hice en el pasado. El problema era que no continuaba mis labores, sino que continuaba bebiendo una cerveza tras otra, y quizás ya entrados en gastos me pasaba a algo más fuerte. Y al otro día, además de esa horrible sensación de guayabo-no guayabo, trabajo represado y urgencias que terminaba resolviendo a medias.

Menos mal que ya no vivo bajo ese ‘si por mi fuera’. En lo que a mi se refiere (cada quien sabe cuál es su propia cruz), tomar cerveza se convertía fácilmente en un tropiezo para mi vida. E el fondo sabía que no me convenía, pero por más que me esforzara por evitarla o controlarla, casi siempre terminaba perdiendo esa batalla. Hasta que Cristo me transformó. Gracias a Él tuve un encuentro personal con Dios Padre, y gracias al Padre, ya no dependo de mis fuerzas para ganar esa batalla. Su Gracia me alcanzó.

A veces es difícil entender la Biblia cuando dice que somos salvos por gracia y no por obras, pero reflexionar sobre este cambio en mi vida me ayudó a aclararlo. No es que como somos salvos por gracia, entonces podemos hacer lo que queramos. Primero hay que entender que lo que queremos no siempre nos conviene, aún cuando a primera vista parezca traernos un placer inmediato. La mirada debe estar puesta en el fondo del asunto, y si relajarme con un par de cervezas termina en una miniborrachera que me pone a correr con labores pendientes al día siguiente en medio de un malestar físico, pues es claro que es mejor evitar hacer eso que quiero. Pero por mis fuerzas no puedo, por eso no es por mis obras que salvo mi vida en esa situación. Por lo que sí se salva mi vida de caer en ese mal camino es por la Gracia de Dios, que obró en mi para que yo pudiera evitar esa tentación y al final, hacer lo que me conviene en vez de lo que mi carne quiere.

Pareciera que el asunto radica en cómo ser alcanzado por la Gracia de Dios, pero la verdad es que esto no depende de nosotros, pues solo Él conoce Su voluntad y Su forma de obrar. Lo que sí depende de nosotros es buscarlo cada día de nuestras vidas. Sabemos que Dios es un Dios de promesas y de pactos, todo el Antiguo Testamento da fe de ello. Y su Palabra dice que si lo buscamos de todo corazón, lo encontraremos. Y al encontrarlo podremos ser sujetos de Su Gracia. Su Palabra dice que si permanecemos en Él y Él en nosotros, podremos pedir todo lo que queramos y nos será hecho. Y claro que si cumplimos esto, lo que queramos ya no será lo que quiere nuestra carne sino lo que nos conviene. Solo entonces podremos experimentar la salvación que proviene del Señor, Su paz que supera el entendimiento humano, el amor infinito con el que nos creó y nos cuida. Y comprenderemos entonces, que si no sentimos la gracia de Dios, es hora de buscarlo de todo corazón.

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.”
Jeremías 29:11-13 RVR1960
https://bible.com/bible/149/jer.29.13.RVR1960

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *